miércoles, 7 de agosto de 2013


Los archivos personales:

Un patrimonio que se nos va a la capital

           
 
            Entro al catálogo en línea de la Biblioteca Luis Ángel Arango. En el campo “Índice de Autor” incluyo un nombre completo: Andrés Caicedo Estela. La búsqueda arroja un total de 150 registros. En la primera pantalla, entre las ediciones comerciales de sus obras, leo otras referencias como: “Angelita y Miguel Ángel [manuscritos]: historias para cine”; “Cuaderno de dibujos infantiles”; “Los diplomas [manuscritos]: drama rutinario”, o “Las aberraciones que claman piedad odio tras odio [manuscritos]: (cuento)”. Pincho la referencia nº 7: “Que viva la música [manuscritos]: cuadernos”. Efectivamente, el resultado corrobora lo que estaba imaginando: aparece una descripción física de 3 volúmenes de 28 cm., escritos a mano, con anotaciones de diferentes temas y “manchados”, con “algunas hojas arrugadas”. El resultado corrobora mi nervioso presentimiento, pero no puedo creerlo, el archivo personal de Andrés Caicedo, un caleño que se entregó intensamente a escribir y reescribir la ciudad de  Santiago de Cali, viviéndola y padeciéndola; a contarla en sus avenidas, plazas y calles, en escenarios y personajes que sólo pueden ser entendidos desde su particular identidad urbano-cultural, el archivo personal de Andrés Caicedo se encuentra en la capital de la República de Colombia, en Bogotá.

 
            El 12 de julio de este al parecer prometedor año de 2013 para una renovada Cali, con sus Juegos Mundiales entre julio y agosto; su Patrimonio Álvarez en septiembre, inaugurado por el presidente Santos, quién sabe si acompañado de su colega Obama; y los resucitados Black Sabbath en octubre; la Biblioteca Nacional de Colombia (BN) reunió en la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero a distintas instituciones relacionadas con el Patrimonio Documental y Bibliográfico de los Departamentos del Valle y Tolima. En cumplimiento, según la propia BN, de su misión patrimonial, esta intenta abordar el diseño de una Política Nacional de Patrimonio Bibliográfico y Documental cuyo resultado debe necesariamente responder a las necesidades de las regiones y el país.
 

            Entre otros temas, el posterior debate a la exposición del ponente, se centró en lo que podríamos llamar “desertización cultural” de la región. Como muchas veces he oído, con un tono, primero, de rabia, que va atemperándose para pasar conclusivamente a la resignación, se puso de manifiesto el malestar generalizado que existe en la ciudad de Cali por colecciones particulares de escritores, políticos, educadores o fotógrafos caleños, o residentes en Cali con ejercicio de su actividad laboral  en esta ciudad, que van a parar a instituciones públicas o privadas de la ciudad de Bogotá.

 
            Los archivos históricos permiten valorar un pasado concreto y apoyan nuestra orientación presente y futura, no importa si nos hablan de hechos constructivos o bárbaros; conocerlos todos debe siempre fortalecer  y mejorar nuestra convivencia ciudadana. Hay personajes (historiadores, artistas, filósofos, políticos, etc.) que han tenido una importancia decisiva con su producción o su pensamiento. Recuperar sus palabras (archivos sonoros), la escritura de su obra y los testimonios que rodearon su vida (cartas, fotografías, borradores manuscritos, recortes periodísticos, objetos) permite aproximarnos a su intimidad para poder profundizar o reenfocar su pensamiento, para aumentar el caudal de conocimiento que su figura aporta a la sociedad.
 

            Los fondos documentales de estos relevantes personajes suelen acabar, después de su fallecimiento, en manos de familiares o amigos. Su papel, por tanto, junto al papel que puedan desempeñar las instituciones, es fundamental para garantizar la conservación y posterior uso y difusión del mismo. Si es su deseo, las familias pueden enviar esos fondos a las instituciones mediante distintas modalidades de ingreso: donación, compra, legado o depósito. Hasta recientemente, la forma más habitualmente empleada era la donación a bibliotecas, universidades o archivos públicos: la entrega pura y simple, sin mediación de compra o intercambio de bienes. Pero el fortalecimiento de las instituciones privadas (pienso ahora en la Universidad EAFIT de Medellín), que frecuentemente utilizan el procedimiento de la compra para enriquecer su “sala de patrimonio documental”, está haciendo que las familias, dueñas de estos archivos privados, los vendan al mejor postor o, simplemente, a quien les ofrece una contraprestación económica por una segura custodia y divulgación de los mismos[1].
 

            En muchas ocasiones, las familias sólo buscan asegurar la conservación de estos fondos en una institución que garantice además una buena difusión de los documentos al investigador y al público en general. Si las instituciones existentes en la ciudad origen del fondo no se comprometen con ambas facetas, con una adecuada conservación, acceso y difusión, con seguridad las familias trasladarán de ciudad sus archivos personales buscando el lugar más conveniente para ello, normalmente la Biblioteca Nacional de Colombia y la Biblioteca Luis Ángel Arango, ambas en la ciudad de Bogotá.
 

            La compra de estos fondos y la falta de compromiso (muchas veces por falta de medios que garanticen un correcto tratamiento de los mismos) conlleva, por tanto, dos posibles desenlaces: 1. Que los archivos personales o familiares acaben en manos de instituciones privadas; y 2. Que las instituciones públicas regionales, más empobrecidas, generalmente, que las centrales, no reciban fondos documentales de este tipo. Las consecuencias, en ambos casos, para el sector público nacional, son graves: la disminución de sus potencialidades culturales y la excesiva centralización de su patrimonio documental, que desequilibra el enriquecimiento cultural de las “regiones”.

 
            El archivo personal de Andrés Caicedo (aunque significativo es sólo un ejemplo) conforma un patrimonio que, por el sentido natural del término y el sentido último con que sus páginas cobraron vida, está apegado indisolublemente a la ciudad de Cali. Sin él, nadie interesado por esos tres volúmenes manuscritos de "Que viva la música" puede visitar la ciudad de Cali, no podemos dar trabajo a documentalistas o archivistas, ni formarlos para que, como Matthias, El Archivista de la novela homónima de Martha Cooley, sienta la llamada de muchas voces en las hojas sueltas manuscritas, cartas y fotografías que componen las colecciones particulares de la biblioteca universitaria donde trabaja;  tampoco podemos organizar exposiciones, o seminarios dedicados al autor acompañados de documentos originales que un día tuvo en sus manos; sin poder familiarizarnos con lo que un día fue suyo, será difícil querer más y más el mundo personal de Caicedo y de todos los angelitos empantanados que le rodearon. Tal vez, ante esta ausencia, sea más grave la sensación que pueda permanecer en la ciudad, como si Cali no fuera capaz de inventariar o catalogar estos archivos privados que salen de ella para emprender un viaje antinatural. Creo que la donación del Archivo personal del dirigente sindicalista Ignacio Torres Giraldo por parte de sus familiares a la Biblioteca Central de la Universidad del Valle y su puesta a punto por medio de la confección de un riguroso inventario analítico, es una muestra, al mismo tiempo, de generosidad y capacidad para poner al servicio del historiador y del interesado en general, un valioso fondo documental.
 

            Las instituciones deben hacer frente a la desertización cultural, pública y regional. En la reunión mencionada del 12 de julio, la Biblioteca Nacional habló de construir un política concertada en aspectos como la gestión, la recuperación, la organización, la preservación y el acceso y la difusión del patrimonio bibliográfico y documental; habló de fortalecer la regionalización; habló, en definitiva, de empujar y apoyar una descentralización y conceder mayor autonomía a las bibliotecas departamentales, que deben contar con la ayuda necesaria para dar visibilidad a sus fondos y emprender acciones de  dinamización cultural con ellos, lo que en última instancia debe prevalecer en los intereses de las familias dueñas de relevantes fondos privados. Como si una nueva modernidad atravesara la ciudad de Cali, deseemos que esta descentralización sea eso, un signo de  modernidad que transforma ámbitos familiares y tradicionalmente gobernables, que descentraliza sistemas de relaciones que parecen estabilizados desde y para siempre.
 

            Sócrates decía que las leyes pocas y justas, pero que se cumplan. Colombia tiene mil leyes y un millón de remiendos decretales a las mismas, pero no tiene una Ley dedicada exclusivamente a su Patrimonio Documental y Bibliográfico, una ley que podría redefinir y aclarar las competencias y responsabilidades que actualmente tienen las instituciones públicas implicadas en el patrimonio bibliográfico y documental de la nación, y una ley donde se podría fomentar la fórmula de la “donación” previendo, como ejemplo, que este medio sea una forma de pago de la deuda tributaria (especialmente en el caso del impuesto de transmisiones sobre las herencias) y una forma de desgravación fiscal.
 

            En algún lugar leí que el filósofo rumano Ciorán no leía novelas porque, decía, habiendo ocurrido tantas cosa en el mundo, cómo podía interesarse por hechos que ni siquiera habían acaecido. Prefería leer diarios, memorias, autobiografías, correspondencia, libros de Historia. Vuelvo a pinchar en la relación de registros sobre Andrés Caicedo que el catálogo en línea de la Biblioteca Luis Ángel Arango me ofrece, esta vez en los registros número 2 y número 13. No sé si las narraciones de Caicedo acontecieron o no, pero esas marcas autobiográficas: “mecanografiado, correcciones y parte de la numeración escrita a mano”, “mecanografiado”, “en papel periódico manchado”, me trasladan a un tiempo donde “Para comenzar esta historia pudiera escoger una mañana luminosa, un viento sin polvo (la plasticidad de los contrastes), un atadito de libros. Mejor veamos: a las 9 de la mañana baja por la Avenida Sexta, hacia el sur, un bus «Blanco y Negro» («Blanco y Nunca», le decíamos de muchachos). A esa hora iban más bien vacíos. Cuando Angelita montaba en bus…”; esas marcas autobiográficas, una particular caligrafía, un error subrayado, el esbozo de un dibujo infantil, una fecha y una hora concretas anotadas en el margen de un folio mecanografiado, me trasladan a una realidad  más tierna y dura que la propia realidad de la ciudad de Cali.

 

5 de agosto de 2013

 

Alfonso Rubio
Director
Grupo de Investigación Nación/Cultura/Memoria

 




[1] La colección de archivos históricos de la Sala de Patrimonio Documental de EAFIT, está formada por cerca de 90 archivos privados (archivos familiares, personales, empresariales, bancarios, ganaderos, agrícolas, de asociaciones cívicas y culturales, etc.) que se han ido adquiriendo mediante donación y compra. Ahí encontramos archivos como los del Banco y Pasaje Sucre, de la Compañía Nacional de Exportaciones, de la Corporación Patriótica de Antioquia; archivos de la Familia Ángel Escobar, Ospina Vásquez; o los archivos de Ciro Mendía, Jorge Restrepo Uribe o José María Uribe Uribe.

martes, 25 de junio de 2013

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LAS TRISTES ELECCIONES EN LA FACULTAD DE HUMANIDADES  DE LA UNIVERSIDAD DEL VALLE


Es triste y no sorprende. Y es triste porque, además, no sorprende. La elección de decano –esta vez fue elegida una decana- en la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle estuvo salpicada por el escándalo. Después de largos doce años con un mismo decano, el profesor Darío Henao Restrepo, el profesorado de la Facultad de Humanidades intentó sacudirse de su modorra y, por fin, en vez de una reelección hubo nuevas candidaturas. Sin embargo, de manera intempestiva, en el mismo día de las elecciones fue anunciada la renuncia de uno de los candidatos debido a amenazas de muerte. El profesor William González, hasta ese momento vicedecano de Investigaciones, anunció que había recibido amenazas que lo obligaban a renunciar a su candidatura.  

Hubo elecciones, no obstante, y triunfó ampliamente la profesora Gladys Stella López, de la escuela de Ciencias del Lenguaje. Aun así, la mancha del escándalo obliga a reflexionar acerca de lo que ha venido siendo y debería ser nuestra Facultad de Humanidades, y también acerca de una necesaria reforma de los procedimientos de elección para cargos de esta naturaleza. Hay demasiados intereses, ambiciones y recursos económicos en juego que convierten la elección de un decano de una Facultad en algo que supera lo estrictamente académico y que se convierte en un asunto de política de la más baja calidad. Es mejor frenar ahora en seco y evitar nuevas situaciones escandalosas que dejan a la Facultad de Humanidades y a la Universidad del Valle expuestas al descrédito.  

No tengo autoridad ni elementos de juicio para dar un concepto definitivo sobre la renuncia y las denuncias del profesor William González; pero no es difícil percatarse que el método de la democracia representativa, aplicado en la escogencia de un decano, sirve más para explayar los defectos y mezquindades del ser humano que para reproducir sus grandezas. Tampoco es difícil admitir que en el pasado próximo hubo otros escándalos, reclamos e insatisfacciones que han terminado por agrietar cualquier propósito de un gran proyecto institucional. El procedimiento electoral sólo ha servido para alimentar la fragmentación de los profesores, para crear un clima de tensión innecesario.

En la Universidad del Valle, como en cualquier universidad colombiana, hace falta definir mejor las prioridades en la adjudicación de recursos económicos. El cargo de decano debería ser austero; los recursos económicos que estamos necesitando para fortalecer un sistema de posgrados, para financiar a estudiantes de doctorado, para sostener un verdadero departamento de publicaciones, no puede destinarse a alimentar las ambiciones (y diversiones) personales de quienes ocupan ciertos cargos en la dirección universitaria. Los recursos deben ser para las Facultades y no para los decanos.

Además de eso, el procedimiento de elección de un decano debería basarse en criterios más meritocráticos que democráticos y, al tiempo, debería tener un matiz mucho más participativo. Tal como funciona la actual reglamentación electoral, muchos de los departamentos y unidades académicas que componen la Facultad no podrán postular y hacer designar un decano. Ese cargo debería ser rotativo entre todas las unidades, sin oportunidad de reelección y con base en la postulación de ternas de candidatos que cumplan unos requisitos básicos fundados en la reunión de determinados méritos y trayectorias.

Me permito sugerir que la decana recién elegida promueva una reforma del reglamento de elección o designación de decanos; a ver si evitamos escándalos peores. Y, sobre todo, a ver si podemos sentirnos, los profesores de la Facultad de Humanidades, parte activa de una Universidad que es responsable con los recursos públicos. Menuda misión tendrá la profesora López, rescatar la Facultad de Humanidades del ostracismo, del desprecio institucional interno y del desprestigio externo. Si ella lo desea, puede liderar un necesario proyecto colectivo con prioridades de orden estrictamente académico.

Nota Bene: Esta opinión es personal y no incluye ni determina la que pueda tener el grupo de investigación ni la unidad académica a la que pertenezco.

GILBERTO LOAIZA CANO
Premio Ciencias Sociales y Humanas-Fundación Alejandro Ángel Escobar, 2012  

miércoles, 24 de abril de 2013

Lanzamiento oficial 

Historia de Cali, siglo XX

El grupo Nación/Cultura/Memoria se complace en informar a la comunidad caleña del lanzamiento oficial del libro Historia de Cali, siglo XX, proyecto editorial dirigido por el profesor Gilberto Loaiza y coordinado en sus tres tomos por los investigadores Wilson F. Jiménez, Esteban Morera y José B. Garzón. Como ya se ha difundido por este y otros espacios, de este proyecto fue partícipe una amplia y disímil comunidad de investigadores, pertenecientes todos a distintos ámbitos académicos del país y de la región, y representantes a su vez de distintas generaciones de profesionales de las ciencias sociales y humanas. Este lanzamiento, apoyado por la rectoría de la Universidad del Valle y la Alcaldía de Santiago de Cali, cierra definitivamente una iniciativa de investigación y divulgación colectiva cuyo transitar fue dificultoso y problemático, pero que espera, como se anotó en pasadas entradas, alentar las suficientes discusiones, inquietudes y reflexiones sobre el pasado y el presente de una ciudad que, como muchas otras, precisa interrogarse sobre los rumbos tomados o por tomarse.

Acto protocolario de Lanzamiento y Entrega de la obra a las Instituciones Educativas de la ciudad

Fecha:
Abril 30 de 2013

Lugar: 
Centro Cultural de Cali, Cra. 5 No 6-05. Auditorio Principal.

Hora: 
7:00 PM (Con programación previa -ver imágenes)





lunes, 11 de marzo de 2013


La Biblioteca del Centenario
Reapertura, historia y oportunidad


“El amor a las bibliotecas, como la mayor parte de los amores, hay que aprenderlo”
Alberto Manguel, La biblioteca de noche

No son pocas las reflexiones de Alberto Manguel (2005) sobre su biblioteca personal que pueden extrapolarse, de forma más o menos precisa, a las bibliotecas públicas de las ciudades colombianas. Algunas han sido azar, otras fueron o son identidad, todas comúnmente son espacio y orden, pero otras también han sido mito, olvido y supervivencia. Muchas en sus orígenes o deambular alcanzaron incluso a ser poder. Con cien años formalmente cumplidos, pero con muchos más si se piensa en la idea que le dio origen, la Biblioteca del Centenario de Cali representó varias de estas facetas a lo largo de su inestable trayectoria.


Creada como espacio de calidades modernizantes, sus primeras décadas fueron de encuentro, celebración y, por supuesto, de prácticas lectoras y emprendimientos bibliográficos. Sostenida por la municipalidad, pero administrada por la menuda élite letrada de la ciudad, esta biblioteca albergó y dio cumplimiento a múltiples deseos, vinculados en su mayoría al quehacer literario de poetas, escritores e historiadores aficionados. Nuevos y no tan nuevos grupos lectores, como las mujeres, los trabajadores y, tiempo después, el estudiantado universitario, transitarían también por esta biblioteca. La segunda mitad del siglo XX marcaría sin embargo el final de su etapa más dinámica. Perdida entre las decisiones políticas y desplazada también de los círculos lectores que le daban prestigio, la biblioteca comenzó a volverse mito, sombra. De espacio pionero de la cultura caleña, la Biblioteca del Centenario pasó a ser un lugar casi irrelevante del acontecer sociocultural caleño hasta la década de 1990. Sólo la cercanía de su primer centenario, como se verá en la noticia anexa, pareció conmover los suficientes dolientes para que su recuperación y reactivación, así como la escritura de la historia de sus inicios y agitado transitar, pudiera comprometerse y adelantarse de manera exitosa.

De este modo, y ciertamente salvada de convertirse en un lugar de la memoria, la Biblioteca del Centenario parece volver a comenzar con el amanecer de otra segunda década de siglo. Ha dejado de ser poder y olvido, y hoy es una muestra de supervivencia -con mutilaciones-, algo sin duda importante y valioso, pero que también debe llamar la atención ciudadana sobre su contemporánea pertinencia en términos culturales, educativos, e históricos. Parafraseando de nuevo a Manguel, hoy la Biblioteca del Centenario se ofrece como taller, con espacios y estrategias nuevas, que la hacen visible y aprovechable desde la disciplina histórica, razones por las que el Grupo Nación/Cultura/Memoria celebra su retorno y le desea un mejor transitar en este nuevo periodo, ojalá lejos de las sendas del desorden y la neglicencia.  

Tomado de: http://www.mincultura.gov.co/micrositios/prensa/infraestructura-valledelcauca/#!/

Noticia sobre la reapertura:


Con motivo de la celebración del Bicentenario de Colombia en 2010, la Secretaría de Cultura y Turismo de Santiago de Cali inició un proyecto para recuperar la memoria histórica de la Biblioteca del Centenario, primera biblioteca pública de la ciudad. Esta iniciativa se vio plasmada en el proyecto editorial: Biblioteca del Centenario, 100 años de fundación, desarrollado por las historiadoras e investigadoras del grupo Nación/Cultura/Memoria: Eddy Carolina Sánchez Fuertes y Diana Romero Tenorio, trabajo próximo a lanzarse de manera oficial

La realización de este trabajo editorial motivó nuevos proyectos en torno a la Biblioteca, entre ellos la recuperación integral de su infraestructura física y esquema organizacional. El objetivo era adecuar y modernizar las instalaciones de la casa donde funcionaba la biblioteca desde la segunda mitad del siglo XX, dotándola de un nuevo mobiliario que ofreciese un mejor servicio a los usuarios. El proyecto fue encabezado por su directora encargada María Amparo Guerrero (2008-2010) quien trabajó fuertemente por devolverle a esta institución el lugar destacado que merece en el ámbito cultural de la ciudad. El proyecto fue apoyado por la Red de Bibliotecas Públicas Comunitarias de Cali a través de la Secretaría de Cultura y Turismo de Cali, Ministerio de Cultura, Fundación Biblio TEC, Fundación Carvajal y Fundación Cristiana de Jóvenes ACJ-YCM desde el año 2010 hasta el 2012. Gracias al apoyo de estas entidades, la obra de adecuación logró llevarse a cabo y el 25 de febrero de 2013 tuvo lugar la apertura de la Biblioteca, acto que contó con la presencia del presidente de la república Juan Manuel Santos, quien hizo formal su reinauguración.  En ese marco, la Biblioteca presentará a la comunidad caleña en el mes de marzo, el libro que recoge la historia de su primer siglo: Biblioteca del Centenario, 100 años de fundación. 

Después de permanecer cerrada poco más de dos años, son muchas las expectativas en torno a la Biblioteca del Centenario, su apertura significa no sólo el regreso a la vida cultural de uno de los espacios insignia de Santiago de Cali, sino además el inicio de diferentes programas y proyectos a los esta institución que le apostará. De momento, se presenta ante ustedes con unas instalaciones totalmente renovadas y un espíritu reavivado, con un aire moderno y antiguo que refleja su identidad, donde convive un pasado con más de cien años de historia y un presente dinámico e innovador. La Biblioteca cuenta hoy con cinco salas de lectura distribuidas en sus dos niveles, en la planta baja, aparecen las salas La Tertulia, donde se encuentran libros de ciencias naturales, medicina y novedades; y Rin-Rin, que está dedicada a públicos infantiles. En el segundo piso encontramos las salas: El Ferrocarril, que alberga la colección de literatura general; El Relator, que se configura como la sala patrimonial, donde se encuentran los libros antiguos y la colección especial de la Biblioteca; y La Retreta que ofrece libros de sociales, religión y artes. También cuenta el nuevo edificio con dos áreas de lectura al aire libre, la primera el Café Libro Avenida del Río, ubicada en el primer nivel, y la terraza Charco del Burro,  igualmente, se dotó a esta institución con un Auditorio que fue llamado El Obelisco. Cada nombre fue escogido en homenaje a algunos iconos de la ciudad, especialmente con algunos ligados al barrio El Peñón, barrio donde funciona la Biblioteca.

Sala de lectura La Tertulia.

Sala de lectura infantil Rin Rin


Atrás quedó la imagen de la biblioteca como simple custodio de libros, hoy su reto es funcionar bajo el lema de "Bibliotecas Vivas", ofreciendo espacios dinámicos donde los usuarios puedan interactuar con las letras, la historia, la cultura y el arte de una mnaera más amena. Se pretende, en síntesis, que la nueva Biblioteca del Centenario logre atender a las demandas de los diferentes sectores: estudiantes, docentes, círculos artísticos, colectivos culturales, grupos de investigación, etc., estableciendo con ellos canales de comunicación que permitan el aprovechamiento del nuevo espacio y la construcción de propuestas que favorezcan a la comunidad en general.

domingo, 13 de enero de 2013


Historia de Cali, siglo XX 

Cali y Colombia tienen desde ahora tres tomos de la historia de una ciudad. Una variada comunidad científica, proveniente en su mayoría de la Universidad del Valle, ha reunido más de cuarenta ensayos acerca del espacio urbano, la política y la cultura.




Ha comenzado a circular, en tres tomos, la Historia de Cali, siglo XX. Esta primera edición es de distribución gratuita y prioritariamente en los principales centros educativos de la capital del Valle del Cauca. A pesar del limitado tiraje de 600 ejemplares y de ser una edición no comercial, muchas personas se han acercado a la Facultad de Humanidades de nuestra universidad en busca de un ejemplar de la obra. Por ahora podemos decir que la dirección de la Universidad del Valle se ha comprometido en distribuir los ejemplares de tal manera que bibliotecas, colegios y universidades de la región y del país puedan contar con un ejemplar de los tres tomos. Y si el interés suscitado sigue multiplicándose, será potestad de la Universidad lanzar una nueva impresión de la obra, esa sí, de ser posible, disponible para la venta.

El grupo de investigación Nación/Cultura/Memoria, responsable editorial del proyecto, puede decir ahora que cumplió una difícil misión que abarcó persuadir autores, reunir textos, corregirlos, ilustrarlos, diseñarlos, conseguir financiación para publicar. Nada de eso fue sencillo. La Historia (con mayúscula), una disciplina científica en apariencia trivial e inútil, ha puesto a conversar a la universidad consigo misma y con la clase dirigente de esta ciudad. Logramos reunir un conjunto de autores y artículos que demuestra que en la Universidad del Valle, principalmente, se ha ido consolidando una tradición de examen riguroso de las condiciones de existencia de la que es hoy la más importante ciudad del suroccidente de Colombia; que hay una preocupación interdisciplinaria por descifrar el pasado de Santiago de Cali y por ofrecer alternativas a un rumbo que, hoy, no es el más afortunado. Ya son por lo menos tres generaciones intelectuales las que vienen construyendo un saber relacionado con la historia de esta urbe reciente y deforme; han intervenido en esa historia los sociólogos, los geógrafos, los arquitectos, los urbanistas, los periodistas, los filósofos, los politólogos y, por supuesto, los historiadores a secas. Estos tres tomos de la Historia de Cali fueron, sobre todo, un homenaje a quienes iniciaron y consolidaron la preocupación científica por el devenir de esta ciudad.

La clase dirigente de esta parte del país ha sido muy opaca y sabemos que este tipo de esfuerzos poco le entusiasman. El autismo del poder político ha contribuido, en mucho, a que una ciudad que alguna vez fue bella haya terminado devorada por el mal gusto y, sobre todo, por la asimetría entre las exuberancias de la inversión privada y las limitaciones de la iniciativa estatal. Si esa clase dirigente pudiera entender que para inventar cualquier cosa es necesario tener puntos de referencia, que no se puede crear si no se conoce la tradición, que si no se entiende lo que el cuerpo social ha venido acumulando es muy difícil decidir con lucidez qué transformaciones son satisfactorias o dañinas en la vida de la ciudad, entonces este libro habrá cumplido buena parte de sus propósitos. Si este libro lograse al menos conmover a esa clase dirigente y ponerla a mirar con mayor atención lo que ha venido siendo Santiago de Cali, podemos creer que este esfuerzo colectivo de una comunidad universitaria ha tenido sentido.

Estos tres tomos, consagrados al espacio urbano, a la política y a la cultura reúnen suficiente materia como para alentar discusiones; es posible que haya excesos y vacíos (siempre falta o sobra algo), pero sí hay, de todos modos, una visión de conjunto, un amplio panorama de preocupaciones y temas provenientes de las diversas disciplinas que se arropan en el rótulo de las ciencias sociales y humanas. Creo que hemos superado el anecdotario chismoso a que nos han tenido acostumbrados en estos parajes de provincia. Y, principalmente, hay algo que otras ciudades del país y del mundo aún no tienen, un libro colectivo que da cuenta de la historia de su último siglo; para esa constatación es bueno mirar afuera de vez en cuando. Hay, por fin, una historia de la ciudad basada en la madurez obtenida por una comunidad científica propia; solicito que ponderen todo eso como premisa, después pueden dedicarse a decir lo que les venga en gana, según el derrame de bilis o de envidia que cada uno tenga, según lo que la campana de la parroquia de cada cual quiera hacer sonar. Por último, una advertencia llana: esta no es la historia de Cali, es una contribución colectiva a la historia de una ciudad, es un aldabonazo para despertar una necesaria inquietud ciudadana, una necesaria participación en el rumbo de las ciudades colombianas, todas peligrosas, despiadadas y deformes.   

GILBERTO LOAIZA CANO
Director del proyecto.


Referencias y tablas de contenido:

Gilberto Loaiza Cano (Dir.) Historia de Cali, siglo XX. Santiago de Cali: Programa Editorial Facultad de Humanidades, Universidad del Valle, 2012. Tres volúmenes. ISBN Obra Completa 978-958-670-984-2.

Vol. 1: Espacio Urbano

José B. Garzón (Coord.) Historia de Cali, siglo XX. Santiago de Cali: Programa Editorial Facultad de Humanidades, Universidad del Valle, 2012. 396 págs. ISBN 978-958-670-989-7.


Presentación, p. 9
Introducción general, p. 11
Introducción al tomo, p. 19

Modelos urbanísticos de Cali en el siglo XX, p. 25
Ramiro BONILLA SANDOVAL

Cuatro pistas para un estudio del espacio urbano caleño, p. 86
Jacques Jean APRILE-GNISET

Transformaciones sociodemográficas y grupos socioraciales en Cali, siglo XX e inicios del siglo XXI, p. 145
Fernando URREA GIRALDO

Tecnologías modernas del transporte en el proceso de configuración de Cali como centro de la región vallecaucana, p. 195 
Carlos MEJÍA


Vivienda popular y acción estatal en Cali, siglo XX, p. 235
Gilma MOSQUERA TORRES

El espacio público en la configuración urbana de Cali en el siglo XX, p. 252
Carlos Enrique BOTERO RESTREPO

La arquitectura en Cali, p. 272
Benjamín BARNEY CALDAS

Los ejidos en Cali: espacio persistente en la memoria colectiva, p. 289
Yasnaia SANCLEMENTE SALCEDO y Julio César RUBIO GALLARDO

El Plan Piloto de Cali de 1950: del modelo de ciudad moderna a la ciudad real, p. 307
León Darío ESPINOSA RESTREPO

Obras públicas y transformación urbanística de Cali, 1950-1970, p. 324
Erick Abdel FIGUEROA PEREIRA

Distribución del suelo y construcción de riesgos en Cali durante la segunda mitad del siglo XX, p. 336
Nayibe JIMÉNEZ PÉREZ y Andrés VELÁSQUEZ RESTREPO

Cambios de la ocupación del suelo en Cali, 1989-2003, p. 353
Luis Marino SANTANA RODRÍGUEZ y Luis Alfonso ESCOBAR JARAMILLO

Geografía y ciudad, p. 379
Rodolfo ESPINOSA LÓPEZ


Vol. 2: Política

Esteban Morera (Coord.) Historia de Cali, siglo XX. Santiago de Cali: Programa Editorial Facultad de Humanidades, Universidad del Valle, 2012. 412 págs. ISBN 978-958-670-990-3.



Presentación, p. 9
Introducción general, p. 11
Introducción al tomo, p. 19

Política y dinamita. La presencia de Cali en la historia colombiana del siglo XX, p. 25 
César Augusto AYALA DIAGO

Cali y el Valle del Cauca: configuración moderna y reconfiguración contemporánea de la región y la ciudad-región, p. 70 
Oscar ALMARIO GARCÍA

El establecimiento del departamento del Valle del Cauca y la designación de Cali como su capital, p. 94
José Benito GARZÓN MONTENEGRO

La prensa de Cali y el progreso de la nación en los primeros años del siglo XX, p. 109 
Aura HURTADO


Ciudadanos y amigos: relaciones sociales y políticas en Cali, 1906-1930, p. 128
Enrique RODRÍGUEZ CAPORALI

Clase, cultura, industrialización y urbe: congresos obreros en Cali, primera mitad del siglo XX, p. 152
Camilo Ernesto SERRANO CORREDOR

La corrupción de la carne: el oficio de la prostitución en Cali a comienzos del siglo XX, p. 169
Laura Paola AVILA QUIROGA

Vida pública antes y después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, p. 190
Esteban MORERA APARICIO

La izquierda partidista en Cali, 1958-2010. De las confrontaciones y el dogmatismo a los acuerdos y al pluralismo, p. 225
Javier DUQUE DAZA

El sufragismo en el "ballet de Clara Inés" , Relator 1950 – 1957, p. 262
Judith GONZÁLEZ ERASO

Mujeres en El Crisol: prensa y ciudadanía política en Cali 1968-1975, p. 279
Lorena PENAGOS CABRERA

La élite política y sus decisiones sobre la espacialidad en Cali de 1958 a 1998, p. 296
José DARÍO SAENZ

Ciudad y violencia: Cali en el siglo XX, p. 327 
Álvaro GUZMÁN BARNEY

Cali, ciudad pluriétnica, multicultural y de resistencia de negros e indios, p. 376 
Luis Carlos CASTILLO


Vol. 3: Cultura 

Wilson F. Jiménez (Coord.) Historia de Cali, siglo XX. Santiago de Cali: Programa Editorial Facultad de Humanidades, Universidad del Valle, 2012. 440 págs. ISBN 978-958-670-991-0.


Presentación, p. 9
Introducción general, p. 11
Introducción al tomo, p. 19

Cali en la primera mitad del siglo XX: mentalidades y sensibilidad, p. 27 
Edgar VÁSQUEZ BENÍTEZ

Libros, lecturas y lectores en Cali. Élite intelectual e imaginarios de modernidad (1892-1910), p. 51 
Juan David MURILLO SANDOVAL

La Biblioteca del Centenario, años de esplendor: 1910-1945, p. 73
Diana Jovanna ROMERO TENORIO y Eddy Carolina SÁNCHEZ FUERTES



Textos, lectores y lecturas. Panorama de las revistas culturales en Cali entre las décadas de 1970 y 1980, p. 98
Adrián ALZATE GARCÍA y Nancy OTERO BUITRAGO

La Iglesia Católica en Cali durante el siglo XX: una presencia viva y desconcertante, p. 122
Diego AGUDELO GRAJALES

La educación en Cali, siglo XX: lógicas de formación y políticas institucionalizadas, p. 145
Javier FAYAD SIERRA y Carlos Mario RECIO BLANCO

Las escuelas de artes y oficios San Juan Bosco de Cali y Antonio José Camacho, 1930-1960, p. 169
Alberto MAYOR MORA

Institucionalización de la formación artística en Cali en el siglo XX, p. 208
Carmen Cecilia MUÑOZ BURBANO

Museo de Arte Moderno La Tertulia. 1968-1990, p. 235
Ana María GÓMEZ

Lucy Tejada, obra temprana, p. 255
Nicolás GÓMEZ ECHEVERRI

Cali de película: una historia en pantalla gigante durante el siglo XX, p. 272
Yamid GALINDO CARDONA

Construcción de una nueva dramaturgia en el Teatro Experimental de Cali, p. 308
Jesús Mauricio DURÁN

La fotografía de estudio y los usos sociales del arte, p. 326 
Edward GOYENECHE GÓMEZ

Música en Santiago de Cali, 1900-1950, p. 344
María Victoria CASAS FIGUEROA

Balsadas y parrandones en La Sucursal del Cielo: inmigración y prácticas musicales en Cali durante la segunda mitad del siglo XX, p. 364
Manuel SEVILLA y Paola CANO

Exclusiones y transgresiones. Poblaciones diferenciales en la historia de Santiago de Cali en el siglo XX, p. 382
Javier FAYAD SIERRA

Las representaciones culturales afrodescendientes, un breve lienzo de la memoria social, p. 401
Germán FEIJOO MARTÍNEZ

Ciudad mutante: transiciones culturales en Cali durante la segunda mitad del siglo XX, p. 419
Liliana ARIAS ORTIZ

jueves, 29 de noviembre de 2012

 Presentación

 Archivo José Manuel Restrepo 
(1740-1916)
Biblioteca Mario Carvajal 
 Universidad del Valle
 
Portada del Papel Periódico Ilustrado con retrato de José Manuel Restrepo, Año 1, No. 7

La Biblioteca Mario Carvajal y el Departamento de Historia de la Universidad del Valle se enorgullecen en presentar a la comunidad universitaria y al público en general, el catálogo completo del archivo del historiador colombiano José Manuel Restrepo (1781 - 1863).

El archivo cuenta con alrededor de 300 rollos microfilmados, con fechas que van desde mediados del siglo XVIII hasta inicios del siglo XX. El valor histórico de este acervo documental es ciertamente notable, por lo que su revisión, ordenamiento y catalogación lo convierten en un valioso recurso investigativo para multiplicidad de estudios sobre el siglo XIX colombiano, venezolano, quiteño y suramericano en general. Dada su importancia para el quehacer histórico, la presentación de este archivo pretende ser el primer paso para una futura generación y puesta en línea de un catalogo digital, que brinde a todos los interesados libre acceso a los documentos resguardados. Se espera, por otra parte, que la apertura al público de este archivo sirva en el desarrollo de un proyecto más ambicioso, conducente a la creación de un Fondo Histórico en la Biblioteca Mario Carvajal.

De este manera, la División de Bibliotecas de la Universidad del Valle invita a la presentación del Archivo José Manuel Restrepo (1740-1916), evento que contará con las disertaciones de los estudiantes del Departamento de Historia: William Escobar, Hansel Mera y Emerson Rivas, quienes con el apoyo de los grupos de investigación Modernidad y modernización en el Valle del Cauca y Nación/Cultura/Memoria, estuvieron a cargo de la revisión, inventario, y organización del Archivo Restrepo.

Fecha: 

10 de diciembre de 2012

Lugar: 
Auditorio Ángel Zapata Ceballos - Biblioteca Mario Carvajal

Hora: 
10 a.m.



viernes, 9 de noviembre de 2012


Convocatoria

Revista Historia y Espacio
Universidad del Valle


Three open books. Fuente: http://raninto.tumblr.com
Número monográfico:
Historia intelectual
Historia de lo intelectual

Hemos conocido, en tiempos recientes, una expansión de la historia intelectual y de la historia de lo intelectual; dos rótulos todavía difíciles de diferenciar de manera satisfactoria pero que hablan de un panorama más o menos preciso de preocupaciones, de objetos y de perspectivas de análisis. La una, la historia intelectual, como superación de la tradicional historia de las ideas y muy cercana a los aportes de la historia conceptual, al análisis del discurso y a una previa redefinición hermenéutica de la disciplina histórica; la otra, la historia de lo intelectual, que cubre el amplio espectro de la vida intelectual, las creaciones de los intelectuales, el examen biográfico o prosopográfico de aquellos detentadores de una larga tradición letrada en los países hispanoamericanos. Tanto la una como la otra tienen contactos transversales con formas de la historia cultural, tanto en el sentido de la clásica historia cultural como de la llamada “nueva” historia cultural, en la medida que se ocupan de objetos tales como determinados productos provenientes de un modo u otro de los intelectuales: el libro, el periódico, el catecismo republicano, la pieza teatral, el filme y un largo etcétera. Y también tienen nexos con la historia política, en la medida que hablan de la relación o las tensiones entre cultura letrada y cultura oral, cultura de élites y cultura popular, de los tipos de intelectuales según grado de vínculos con el aparato estatal, de la relación de grupos de intelectuales con la formación de partidos políticos o con proyectos de nación, en fin.  

Convocamos a aquellos estudiosos, investigadores, colegas y estudiantes de ambos lados del Atlántico a que participen con sus aportes, preferiblemente resultados parciales o totales de proyectos de investigación, y también con reflexiones generales sobre estos campos  movedizos y muy activos de la disciplina histórica.

Coordinador del número: 
Gilberto Loaiza Cano
Profesor titular del departamento de Historia de la Universidad del Valle. 

Recepción de artículos en:
pintadoenlapared@gmail.com 

Fecha límite de recepción:
28 de febrero de 2013

Parámetros y reglamentos de publicación en: 
http://historiayespacio.com/

Historia y Espacio
Revista del Departamento de Historia
Universidad del Valle
Santiago de Cali, Colombia